
El estrés en los gatos puede ser ocasionado por varios motivos. Una de las causas más comunes está relacionada a todo lo que tenga que ver con la adaptación a nuevos cambios, como por ejemplo una mudanza, la llegada de una nueva mascota al hogar o el nacimiento de un bebé en la familia.
Los gatos pueden estresarse debido a cuestiones de salud. Aquellos que padecen una enfermedad, parásitos u obesidad son propensos al estrés. También se relaciona este estado con los felinos que han sido intervenidos quirúrgicamente. Lo ideal es consultar con un profesional para determinar cuál es la verdadera causa y de esta manera aplicar el tratamiento correcto.
La manera de detectar que nuestro gato está viviendo una etapa de estrés es mediante la observación de sus comportamientos. Manifestará un estado de agitación, dilatación pupilar, pérdida de pelos, agresividad, posición enroscada. Además marcará territorios dentro del hogar y hará sus necesidades fuera de la bandeja sanitaria.
El gato puede volverse agresivo, mordiendo y arañando a sus propios dueños. Tengamos en cuenta no reaccionar con violencia, y entender que algo le pasa al animal que lo está poniendo incómodo. Se deben averiguar las causas antes de molestarnos con su conducta.
Otro de los comportamientos que suelen tener los gatos estresados es un deseo de higiene excesiva. En este caso lamen y mordisquean ciertas zonas de su cuerpo sin una razón aparente. Esto puede ocasionar problemas cutáneos, y probablemente el veterinario recete algún tranquilizante o terapia para el animal.