
El Bulldog Inglés tiene su origen en Inglaterra. No debe confundirse con otras variedades como el americano o el francés que tienen una apariencia similar. Una de las características que lo define son sus hombros anchos y su gran cabeza. Por lo general presenta pliegues en su cara, tiene los ojos muy separados, el hocico corto y los labios colgantes.
Se lo puede encontrar en una variedad de colores generalmente uniformes. Los más comunes son el marrón, beige y blanco. Se trata de una raza de pelo corto y suave, requiriendo de un cepillado regular para su mantenimiento. Es una de las pocas especies cuya cola es naturalmente corta y rizada.
A pesar de su expresión de “perro malo”, el Bulldog es muy dócil y amigable. Por supuesto que los criadores de esta raza han trabajado para lograr cierta agresividad, por ello es conocido por tener un fuerte temperamento. Es ideal para tenerlo en una casa o apartamento gracias a su pequeño tamaño. Es muy fácil de entrenar y tiene una buena relación con los niños, con los perros y con otras mascotas.
En cuanto a su salud, los problemas de respiración pueden ser frecuentes en esta raza debido a la forma y a la brevedad de su hocico. Generalmente emite unos fuertes ronquidos. Requiere de ejercicios diarios para no sufrir sobrepeso, lo cual podría ocasionarle enfermedades del corazón y pulmón.
Este perro es extremadamente sensible al calor, por lo tanto se debe vigilar todo el tiempo que tenga agua y sombra sobre todo en épocas de verano. Jamás, por ningún motivo, debería ser dejado sólo en un automóvil en horarios de fuertes rayos solares.
La altura llega a ser de 30 a 40 cm y el peso ronda entre los 22 y 25 kg, sin demasiadas variaciones entre macho y hembra.