
Los conejos tienen una extraña manera de comunicarse. A menudo, el lenguaje corporal puede significar cosas diferentes dependiendo de la situación. Se trata de animales herbívoros, y son los más bajos de la cadena alimentaria, por lo que se encuentran en constante búsqueda de refugio de los depredadores.
Parte del diseño anatómico del conejo está orientado a detectar y escapar de los depredadores. Su constante movimiento de nariz tiene una explicación: a medida que la mueve renueva e hidrata el aire para mejorar la capacidad de sentir los olores y poder estar más atento.
En cuanto a sus orejas, constan de una gran superficie para poder permitir que sea recogida la mayor cantidad de ondas de sonido y así detectar posibles peligros en la zona.
La posición y el tamaño de sus ojos le permite una excelente visión de casi 360 grados alrededor de la cabeza. No puede ver bien directamente de frente, pero junto con el olfato y la audición puede identificar cualquier situación peligrosa de forma precisa.
En cuanto a su movilización, los saltos no son una forma normal de su locomoción, sin embargo le resultan esenciales cuando hay una necesidad de escapar del peligro. Un conejo corriendo por su vida puede saltar los obstáculos y girar en el aire.
Los conejos marcan el territorio utilizando su excremento para poder comunicarse con sus pares. Otra de las maneras que utilizan para relacionarse entre sí son los sonidos, los cuales generalmente son vocalizaciones tranquilas como un suave ronroneo. En ocasiones también emiten sonidos más fuertes, como agresivos gruñidos y rechinamiento de los dientes, siempre dependiendo de la situación que estén atravesando.