Las aves silvestres pueden acceder a los arroyos o charcos de lluvia para poder bañarse. Por el contrario, las aves criadas en cautiverio no tienen esta posibilidad, y es nuestro deber ofrecerles la manera de acceder a un cuidadoso aseo. Con cierta frecuencia resulta necesario bañar a nuestras aves para quitar el exceso de grasa y mantener sus plumas limpias y humectadas.
Para poder hacerlo debemos preparar un ambiente especialmente climatizado y sin corrientes de viento, y el mejor horario para bañar al ave es durante la mañana. De este modo le damos tiempo a secarse bien antes de ir a dormir por la noche.
Llenamos un recipiente no muy profundo con agua tibia y lo colocamos dentro de la jaula. De esta manera permitimos que el ave pueda bañarse libremente y por el tiempo que desee. La mayoría de las aves disfrutan del baño y no necesitan ayuda o estímulo. Para realizar este tipo de baños, resulta fundamental que el tamaño de la jaula sea lo suficientemente grande como para permitirle aletear y sacudirse.
Para secarla podemos colaborar con una toalla, además de su secado natural. Aprovechando que el ave ha tomado su baño, es el momento propicio para limpiar la jaula y todos los accesorios para librarlos de la suciedad y las bacterias que pudieran haber.
