
Los gatos siempre caen de pie, no se trata de ninguna leyenda. Esto sucede porque existen varios mensajes que llegan al cerebro y le permiten reaccionar de forma instantánea. Mensajes de tipo nervioso entre los ojos, oídos, músculos y coordinación de las articulaciones hacen que el gato consiga un gran equilibro en apenas unos segundos. Sin embargo, para que caiga de tiempo necesita el tiempo suficiente para conseguir un equilibrio.
El proceso es simple. Cuando el gato cae, los ojos y los oídos se comunican con el cerebro indicando la posición de la cabeza en relación al suelo. El cerebro responde con una orden instintiva que supone accionar unos músculos que corrigen la postura de la cabeza y alinean el cuerpo del animal. Todo ello en unas cuantas fracciones de segundo donde el gato solamente necesita colocar sus patas hacia abajo para aligerar el impacto con el suelo.
Si un gato cayese desde una altura muy grande, por ejemplo, un décimo piso, tendría el 90% de posibilidades de sobrevivir con apenas unos rasguños. Si comparamos con los seremos humanos, la tasa de supervivencia en estos casos no supera el 10%.