
Los jerbos son roedores originarios de Mongolia, donde las condiciones son de extrema aridez. Si bien no cuentan con demasiados enemigos en la zona del desierto, han aprendido a escapar de las aves de presa y las serpientes, desarrollando muy buenas capacidades para correr y saltar.
En la actualidad se los puede tener como mascotas y es recomendable mantenerlos en una pecera con una buena tapa, puesto que son muy escurridizos y podrían escaparse. Con más razón habría que cuidar que no salga de su lugar en caso de que haya otro tipo de animales en el hogar, como por ejemplo un gato que podría cazarlo.
Los jerbos son de tamaño muy pequeño, pero sin embargo son más grandes que los ratones. Su cola está cubierta de pelos y posee un mechón o pincel en la punta. Las extremidades delanteras son más cortas que las traseras. En cuanto al color, existe una variedad realmente grande que va desde colores combinados y uniformes, pasando por los tonos blancos, grises, marrones y negros.
Estos pequeños roedores alternan períodos de sueño y de actividad durante el día, permitiendo una buena interacción con los humanos que estén a cargo de su cuidado. Los jerbos son muy sociables, dóciles, y disfrutan de la compañía de las personas. Son amigables y es muy raro que ataque a alguien mediante mordidas.
Otro de los puntos a favor de tener como mascota a un jerbo es que son animales muy limpios y prácticamente no generan desperdicios o desechos. Una pecera que contenga dos jerbos por ejemplo, bastará con que sea higienizada cada dos o tres semanas.