La depresión no es solamente problema de los seres humanos, sino que los perros también pueden sufrirla. Lo más curioso es que un estado de estas características puede surgir por diferentes motivos que tal vez nunca imaginamos. Una de las causas por las cuales un perro puede comenzar a sentir depresión es la falta de cariño y atención por parte de sus amos.
Muchas familias se sienten emocionadas al tener un nuevo cachorro en casa y lo tratan como si fuera el bebé de la familia. Sin embargo, a medida que el perro va creciendo, sus propietarios pueden dejar esta admiración de lado e ir perdiendo interés en darle mimos todo el tiempo. Un perro que vive esta situación definitivamente siente el alejamiento de sus amos y puede comenzar a tener síntomas de depresión.
Lo cierto es que se deben diferenciar dos tipos de depresión. Una de ellas se genera por causas internas del perro, es decir por un factor genético o hereditario. La otra forma de depresión se manifiesta como consecuencia directa del entorno y puede ser generada por varias causas, la mayoría de las veces relacionadas a las atenciones de sus amos.
Ante una apatía general del perro o la falta de respuesta hacia estímulos gratificantes, estamos ante un claro ejemplo de depresión canina. También ocurre una falta de apetito, sed excesiva y somnolencia. La consulta a un veterinario de confianza será el primer paso. Lo segundo que deberíamos hacer es pensar qué es lo que hemos hecho mal por aquel ser que tanto amor y cariño incondicional nos ha entregado y tratar de remediarlo.
