
En tiempos medievales, cuando la Iglesia Católica mantenía gran fuerza y jerarquía como institución, se crearon órdenes religiosas dedicadas a establecer el cristianismo en toda Europa. En todo el proceso, la Iglesia terminó siendo el máximo poder en la época feudal. La gran capacidad intelectual y formación del clero les daba una situación privilegiada frente a una población rural y analfabeta. Al ser capaces de leer y escribir, los monjes, obispos y cardenales ocuparon la élite más inteligente de la época.
Todo lo que el pueblo creía en aquello que la Iglesia afirmaba que se convertía en una verdad eterna. Cada concepto y frase era adoptado por los fieles sin plantear una refutación o explicación sobre ello. Los clérigos terminaron por reunirse en los llamados concilios.
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