
Jaume Alguersuari impresionó en su primera jornada de entrenamientos como piloto oficial de Toro Rosso.
El joven barcelonés, de 19 años, que mañana se convertirá en el piloto más joven de la historia en disputar un Gran Premio, dio 82 vueltas al circuito de Hungaroring, de 4,381 km, prácticamente sus primeros 360 kilómetros a los mandos de un bólido de fórmula uno.
Después de que la víspera ya hubiera estado en el circuito preparando su debut, Jaume llegó a las instalaciones de Hungaroring a las ocho y media de la mañana acompañado por su inseparable Javier Maffioli, que se ha transformado en su hombre de confianza y mano derecha.
El piloto realizó un desayuno frugal antes de encerrarse con sus ingenieros para repasar la planificación prevista para la primera sesión de entrenamientos libres, cuyo objetivo era aprovechar al máximo los minutos de pista, conocer el coche y adaptarse al circuito y a los neumáticos.
En la primera tanda Alguersuari dio un total de 42 vueltas, quedándose a 223 milésimas del suizo Sébastién Buemi, su compañero de equipo y, por lo tanto, su referencia.
Tras esta hora y media en pista, el catalán volvió a reunirse con sus ingenieros para estudiar a fondo la sesión y organizar la siguiente. Comió incluso entre sus técnicos y el reto que se marcaron para la segunda tanda, que empezaba a las 14 horas, era organizar su primera crono con tandas de 7 vueltas.
Alguersuari dio 40 giros, mejorando en tres décimas el tiempo de la mañana y situándose a ocho de Buemi sin apenas haber cometido un error. De hecho, en 82 vueltas, sólo una ligera salida por la tarde en la curva 7 no podían empañar un estreno soñado y en el que, de nuevo, había acallado todas las críticas.
Le queda la calificación, la salida y su primera carrera por delante este fin de semana, Sin embargo hay que constatar que por el momento está pasando las etapas con nota.
Nada más bajarse del coche, cansado por el esfuerzo y la tensión, escuchó a los medios en una rápida comparecencia antes de volver a reunirse con sus ingenieros y dirigirse al tradicional briefing de los pilotos de cada viernes.
Posteriormente, escuchó nuevamente a la prensa y se fue al hotel para desconectar un poco y relajarse en compañía de su familia.
Jaime, el padre, que no podía perderse este momento, vivió con intensidad la jornada, absolutamente emocionado y con Carmen, la madre, pidiéndole tranquilidad. Las felicitaciones eran constantes puesto que el chaval no para de sorprender a todo el mundo.
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