
El alcohol es la droga más conocida y aceptada socialmente. Es muy usada debido a la creencia popular de que sus efectos son estimulantes. Las bebidas alcohólicas inducen a un estado inicial de desinhibición lo que convierte al sujeto en una persona más abierta, con menos control y más natural. Su uso genera locuacidad, euforia, aumento de la autoimagen, falsa seguridad en sí mismo y a veces impulsos sexuales o bien agresivos.
Debido a todas estas sensaciones, el alcohol es una forma de entretenimiento entre jóvenes y adultos de mediana edad. Progresivamente, su uso exagerado pueden conducir a características más depresivas haciéndose más latentes en fases iniciales y más explícitas en adictos.
Algunas de sus consecuencias de índole negativa son la relajación, pérdida de la orientación, pérdida de la visión aguda, descoordinación muscular, disminución de la capacidad de reaccionar, pérdida de la atención, dificultad para la comrpensión, pérdida del razonamiento y aislamiento social.
Otros efectos más a largo plazo son cambios de personalidad repentina, irritabilidad en la conducta, fenómenos de amnesia, pérdida de la memoria a corto plazo, fatiga, mareos, cansancio muscular y otros aspectos que varían según la persona adicta al alcohol.