Estudio revela mal uso de analgesicos en ancianos

Ancianos

El mal uso de analgésicos en la población anciana institucionalizada es una realidad ocasionada, en parte, por la dependencia de estos pacientes hacia su medicación. En este momento un nuevo estudio realizado en una residencia de Tarrasa, en Barcelona, alerta de esta situación, con datos, y demuestra que el 21,7 por ciento de los pacientes mayores de 65 años que presenta dolor (uno de cada cuatro) no recibe analgesia y el 38,5 por ciento de los que no refieren dolor sí toma analgésicos. Este trabajo realizado por dos farmacéuticos y cinco médicos del centro sociosanitario Vallparadís, de Tarrasa, surgió con la idea de determinar la prevalencia de dolor en la población geriátrica institucionalizada y su tratamiento con el objetivo de acordar medidas de control adecuadas.

Según César Salort, coordinador farmacéutico del trabajo, “estos datos demuestran que existe una utilización inadecuada de analgésicos en esta población y que no siempre se prescribe siguiendo criterios estrictos de necesidad”.

En opinión de Jaume Sanahuja, encargado médico del centro sociosanitario y coordinador del estudio, “la causa de este conflicto tal vez resida en la falta de concienciación por parte de los profesionales sanitarios que trabajan en atención primaria, quienes, por falta de tiempo en las consultas, prescriben analgésicos sin conocer el grado de dolor del afectado o sin valorar si necesitan tomarlo o no”.

Otra de las causas estaría en la dependencia psicológica del paciente hacia el analgésico. Según Salort, “en ocasiones, la toma del analgésico se cronifica y, a pesar de que se detecta el error, el paciente se niega a que le suspendan el tratamiento por haber desarrollado dependencia psicológica y considerar el analgésico indispensable para conservar su estado de salud”.

Para apaliar esta situación, Sanahuja piensa como necesaria la implantación de servicios de farmacia en las instituciones geriátricas encargados de controlar y revisar de forma sistemática los tratamientos para alcanzar un buen nivel de control de los pacientes”. Además, “sería interesante que estos profesionales hicieran tomar conciencia a los ancianos que no presentan dolor pero que usan estos fármacos de desarrollar un uso racional de los mismos”.

En el estudio, intervino un total de 180 pacientes mayores de 65 años que en el momento de la recogida de datos no presentaban un síndrome febril o un síndrome confusional.

En cuanto al método empleado para valorar el dolor, hay que indicar que éste fue definido como una variable subjetiva y que su cuantificación se basó en una escala numérica en los pacientes con función cognitiva conservada o en una escala visual en pacientes con deterioro cognitivo.

Cuando el farmacéutico detectaba algún caso de utilizó inadecuado, éste se lo comunicaba el médico para que revisara su medicación y desarrollará las modificaciones oportunas. En opinión de ambos, la comunicación entre profesionales fue muy buena y el médico aceptó en todo momento las recomendaciones propuestas por los farmacéuticos.

En relación al tipo de dolor que referían, el 74 por ciento era somático, el 20 por ciento psicógeno y el 4 por ciento neuropático. Además, de los 116 fármacos analgésicos pautados, el paracetamol fue el más utilizado en un 66 por ciento de los casos.

Otro aspecto señalado por los autores es que el 65 por ciento de los pacientes estaba en tratamiento con gastroprotectores en el momento que tan sólo el 48,6 por ciento de los pacientes recibía terapia analgésica.

Hay que señalar que este no es un dato aislado, ya que CF recogió un estudio parecido centrado en el uso de gastroprotectores realizado en una residencia de Marbella, en Málaga, que revelaba que el 58,4 por ciento de los pacientes utilizaba un protector gástrico en el momento que no lo necesitaba y un 23,81 por ciento no lo tomaba en el momento que sí debía hacerlo. A la espera de un análisis más detallado de estos resultados, los autores señalan que hacen suponer que hay una sobreutilización de gastroprotectores en población geriátrica institucionalizada.

Según explica Sanahuja, este estudio ha servido para que los profesionales del centro tomen conciencia de la situación y adopten medidas para solucionarla. Ahora, indica, “no descartan la posibilidad de reanudar el estudio dentro de un año para valorar la actuación realizada por los médicos y farmacéuticos del centro y ver los efectos derivados de revisar la medicación y actuar ante un caso de uso inadecuado”.

Vía | Correo Farmacéutico

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