Morfina: dependencia y abstinencia

La morfina, como la mayoría de drogas, tiene unos efectos que se establecen si su uso es habitual y a largo plazo. Existe una tolerancia cruzada entre los agonistas opiáceos. Provoca gran dependencia, tanto física como psicológica.

En caso de abandonar su consumo tras un uso continuado genera un síntoma de abstinencia con un cuadro de síntomas muy variado. Pueden ocurrir bostezos, fiebre, lloros, sudoración, temblores, agitación, náuseas, insomnio, irritabilidad, hipersensibilidad al dolor, dilatación de pupilas, aumento de la tensión arterial y taquicardias.

En fases posteriores a la abstinencia pueden surgir dolores abdominales repentinos, torácicos y sobre los miembros inferiores, lumbago, diarrea y vómitos.

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