Testimonio de Norma Butcher: madre de un adicto rehabilitado

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Mama E Hijo

Norma Butcher Skármeta, 54 años, tiene tres hijos y un nieto. Estudió cinco años de sicología. Pertenece al signo Sagitario y le gusta el color verde, comer guisos, los trabajos manuales y la decoración. Es dueña de la Corporación Terapéutica Internacional Procambio (Curacaví). Su mayor frustración derivó de la adicción que padeció su hijo Alejandro. Sueña con instalar un Centro Abierto de acogida para adictos enfermos de Sida y adictas adolescentes con embarazo precoz.

TESTIMONIO

Viví lo que le sucede a muchas mamás, esa tendencia innata a confiar. Si una no confía en sus hijos, ¿en quién puede confiar? en el momento que se piensa que la libertad de los hijos es importante para su desarrollo, simplemente les damos oportunidades. A veces, las mamás somos poco objetivas, no sabemos que los hijos tienen problemas y somos ciegas por el lazo afectivo. El mundo exterior -fuera de la casa, de las amistades conocidas y del entorno familiar- es muy frío, indiferente. Si un muchacho empieza a incursionar en la droga nadie va a pensar que se puede dañar, modificar su realidad y dañar a su familia. El joven sabe que eso es indebido, que está haciendo algo escondido, sin embargo uno no lo alcanza a identificar.

Se ven cambios, sin embargo como son jóvenes, como madre lo atribuyes a cosas de la edad, que es flojito por la adolescencia, que come más por el crecimiento, que no está siendo ordenado puesto que se identifica con ídolos desordenados, etc. El muchacho es social, conoce a tanta gente, por aquí y por allá. Uno peca de ingenuidad, hasta que comienzan a emerger los llamados condoritos, la farra, el mal rendimiento en el colegio, las mentiritas en el momento que comenta que va a un lado y no va. Todo es ambiguo.

Empiezas a darte cuenta de que tu hijo está cambiando mucho, que ya no es el mismo, que la comunicación espontánea, de persona a persona, comienza a dañarse. Hay como un velo entre medio que no deja que eso sea expedito, cercano, tibio.

En el caso nuestro, llegó un momento en que Alejandro empezó con el trago, la marihuana, una especie de espiral sin fin. En el momento que nosotros nos dimos cuenta fue como un chancacazo. Un día encontramos en el escritorio del papá una carta en la que nos decía que se iba por dos o tres días con una niña fuera de la ciudad. Era algo que nunca había hecho, y menos en esa forma, y que podía haberlo comunicado personalmente. Nos dimos cuenta de que algo no funcionaba, que algo no encajaba. Era inaudito que nos hiciera eso e inmediatamente me puse en movimiento. Llamé a fulanito y menganito. Descubrí que todos lo tapaban, lo encubrían, sin embargo un amigo fue más blando, me vio desesperada y yo fui incluso amenazante con él. Me dio un teléfono. Llamé y casualmente contestó mi hijo Alejandro en muy mal estado. Le dije que se viniera inmediatamente a la casa.

Llegó en condiciones deplorables, muy mal, e inmediatamente hice lo que los padres estiman correcto. Con mi marido consultamos a un siquiatra, quien nos dijo que había un conflicto de comunicación. Nunca habíamos tenido problemas de comunicación, porque, como familia, somos espontáneos, muy de compartir. Yo le dije: ¡Doctor, ese no es el problema: el conflicto es la droga. Mi hijo ha cambiado por la droga! Con todo el dolor de mi alma, le dije también: “Es posible que mi hijo haya hecho una adicción con la droga”.

Apenas salimos de la oficina del siquiatra llamó a un reeducado, un ex adicto, quien a los cinco minutos estaba en la casa. Habló a solas con Alejandro y bastaron 20 minutos para que mi hijo decidiera someterse a tratamiento. Estuvo dos años en rehabilitación y ha cumplido ya tres años y medio limpio, sin consumir drogas.

Me entregué absolutamente a él, al saber que mi hijo tenía problemas de poli-abuso: marihuana, alcohol, pepas, etc. Durante el tratamiento observé un cambio tajante, claro, enternecedor. Alejandro empezó a crecer como persona, a tener talento y estabilidad. Maduró emocionalmente.

Por mi parte, viví un proceso personal muy interesante. Comencé a revelar un mundo desconocido. Empecé a preocuparme del problema, a saber más, a no quedarme solamente con lo que sentía. Fui más allá y me involucré mucho en la comunidad.

Fueron dos años de un proceso personal muy lindo. Me fui transformando poco a poco en una terapeuta. Venían mamás nuevas y yo las acogía, las ayudaba a realizar este doloroso camino. Me puse la camiseta y adquirí un compromiso muy grande: rehabilitar. Así, instalé este centro, Procambio. Sigo creciendo, sigo trabajando con los padres que llegan angustiados, frustrados, desesperados. Puesto que no saben cómo manejar esto y no soportan lo que sienten internamente. En ese coloquio de padre a padre, yo les trato de dar paz. Trato de abrirles una puerta y darles un poquito de optimismo dentro de todo ese desastre que sienten. Les muestro que yo pasé por eso y que tengo a mi hijo sano. Alejandro trabaja en este momento conmigo y ha llegado a convertirse en modelo para los hijos de muchos padres. He fundado otras comunidades pequeñas, he asesorado clínicas, hasta que hicimos realidad esta comunidad, muy grande, muy digna, muy integral.

ENTREVISTA

-¿Cómo definiría la adicción? ¿Cómo se manifiesta?
-La adicción es una enfermedad crónica, muy difícil de manejar. La persona que la padece tiene que armarse de nuevo y construir mecanismos o herramientas para ser preventivo consigo mismo el resto de su vida. Es una enfermedad que se manifiesta de muchas maneras. Lo primero que ataca es la estructura de personalidad, puesto que la droga desorganiza las estructuras internas y externas. Potencia todo lo malo. Los síntomas son infinitos: la inmediatez, la impulsividad, la irreflexión, la frialdad, la callosidad afectiva, etc.

-¿Qué se pierde con la droga?
-Principalmente, la identidad. No hay un enlace entre como éramos antes y como somos ahora. Existe pérdida de transparencia, de humildad, de la capacidad de sentir y amar. Se pierde la capacidad de experimentar sensaciones naturales y no químicas.

-¿Qué ha significado para usted tener un hijo drogadicto?
-Un dolor y un desafío muy grandes. Mi primer sentimiento fue cuestionar ¿por qué a mí? Después de realizar este largo camino, puedo decir que amo más que nunca a mi hijo. Él ha crecido como persona, puesto que quien ha sufrido tiene después una capacidad de generosidad muy grande. La gente crece a través del dolor. Los adictos son pioneros generosos.

-¿Qué es lo más importante durante la rehabilitación?
-Creo que aparte de la abstinencia, saber trabajar con uno mismo, interiorizarse, saber reconocer por qué se siente eso y poder modificarlo. Así se logra la estabilización y se evita la descompensación.

-¿Cómo es posible salir de la droga? ¿Con dinero?
-No, no. Se puede salir de la droga en una choza o en una infraestructura esplendorosa. Importante es el proceso que tiene que vivir la persona que padece la enfermedad, para encararla y conseguir revelar lo que no quiere descubrir. La droga daña terriblemente la autoestima.

-¿Cuánto tiempo piensa que estará limpio su hijo?
-Como es una enfermedad crónica, va a estar limpio todo el tiempo que él esté en sintonía, renueve su compromiso todos los días y cada día sea capaz de quererse, de cuidarse. Él mismo debe ser el preventivo.

-¿Qué es más importante, prevención o rehabilitación?
-Ambas cosas son importantes. Si no hay prevención, debe haber más rehabilitación.

-¿Qué les diría a sus madres?
-Que sean fuertes y consistentes.

-¿Qué perdió usted con la drogadicción de su hijo?
-¿Qué perdí yo? Importante pregunta. Perdí la ingenuidad.

-¿Qué ha ganado con el proceso de sanidad de su hijo?
-Fortaleza.

-¿Qué papel puede cumplir la madre para sacar adelante a un hijo adicto?
-Un papel incomparable, muy grande. Somos manos amigas que sacamos a nuestros hijos del pantano para que crucen por un puente al valle fructífero de la vida.

-¿También tocan fondos los familiares de adictos?
-Sí, tocan fondo emocional, afectivo, puesto que es como un terremoto interno, sin embargo en el momento que se logra reconstruir, puedes realizar las cosas mejor que antes. Se puede construir más sólido, más bonito, más permanente y consistente.

-¿Qué efectividad ofrece este centro de rehabilitación?
-Somos muy buenos. Siempre existe un porcentaje de personas que no termina la rehabilitación, sin embargo los que sí continúan el tratamiento y hacen el seguimiento salen adelante. Somos un centro integral de primera. Las personas quedan preparadas para enfrentar la vida afuera.

-¿Qué pasará con el consumo de drogas en el próximo milenio?
-Esto crece y crece, lamentablemente.

-¿A qué le tiene miedo?
-Tengo miedo de que la humanidad no tenga conciencia de todo el daño que se puede realizar la gente a sí misma.

-Despídase con un mensaje para los adictos activos.
-Sean fuertes, humildes. Entréguense. Sean capaces de solicitar ayuda. Al adicto no se le rechaza como persona, se le rechaza por sus actitudes y si esas actitudes cambian, a través del tiempo, siempre van a ser queridos y aceptados.

Autor| Clara María Romero


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comentarios(1)
  1. Gracias por estas palabras de aliento en medio de este dolor….tengo un hijo adicto que se encuentra en un centro de rehabilitación por 3ra. Vez,

    silvia morales 8 abril, 2015 a las 0:37
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