
Rodrigo Ignacio Aboitiz Domínguez, 35 años, casado, dos hijos. Pertenece al signo Piscis. Es músico y ex tecladista del grupo La Ley. Le gusta el color negro y los porotos. Su frustración reconocida es no haber sido piloto y su sueño, sentirse tranquilo. Realizó su proceso de rehabilitación en la Clínica ADC Cantu, en Cuernavaca, México, y en este momento en Chile interviene en grupos de autoayuda. Tiempo de limpieza: dos años.
TESTIMONIO
Cuando empiezo a tener uso de razón, yo era un niño bien apegado a mi mamá. Fui el quinto de seis hermanos y me sentía muy distinto a ellos. Era un niño hipersensible, como muy pa’dentro, y todavía lo soy.
Esto contrastaba con la personalidad de mi papá y de algunos de mis hermanos que eran requete sociables. Existe una diferencia muy grande de edad en la familia: había cuatro hermanos mayores seguidos con un año de diferencia y después venimos los dos menores, con tres años de diferencia.
Eso marcó mucho el mundo entre los grandes y los chicos. En el momento que pendejo, la relación con mi padre era distante, no lo veía nunca puesto que trabajaba mucho. Con mi mamá, la relación era amplia, y yo era como su apéndice, estaba siempre apegado a ella. Sin embargo esta diferencia, entre grandes y chicos, realizó que a los menores se nos tomara menos en cuenta.
A los diez años probé por primera vez el alcohol. Mi familia es de sangre española, vasca. Existía una marcada cultura etílica y yo me lo tomé todo. Una vez con un tío que venía de España fuimos a Curacaví, tomamos chicha y me emborraché como loco.
El alcohol me gustó al tiro, esa sensación de irme, de no estar y ponerme una máscara frente a toda una realidad que me molestaba puesto que no me sentía conforme. Me sentía distinto, ¿cachai?
Tres años después, probé la marihuana y me puse a fumar harto. Luego probé la cocaína y el ácido. Me quedé pegado con el alcohol y la cocaína, básicamente puesto que era un niño con déficit atencional, situación que no he superado como adulto.
La cocaína me ayudaba mucho en esa huevada, me ayudaba a concentrarme y a estar despierto. La cocaína fue mi droga de elección.
En un principio fue la raja, puesto que con las drogas me sentía muy bien, podía evadirme y estar en el mundo que siempre había soñado. Creía pertenecer a un mundo en el que no tenía ninguna responsabilidad, podía pasarlo bien con tan solo estar ahí.
Fueron 20 años de consumo al chancho. Igual estudié música y clases de piano con un profesor particular. Mis estudios eran un año, muy buenos y otro año, pésimos. Los años buenos tenían lugar en el momento que dejaba de consumir drogas, y gracias a eso sé lo que sé de música. De lo que me arrepiento y me siento frustrado es de no haber aprendido más. Hay una época para aprender, después puedes continuar aprendiendo, sin embargo no tienes la misma capacidad, el mismo tiempo. Empecé a los 18 años en un grupo de jazz rock llamado Ojo de Orus, y tocábamos en “El Jardín”, un local famoso entonces.
Al comienzo nos fue bien. Con los mismos integrantes del grupo fundamos después la banda Aparato Raro y nos fue bastante mejor, como que firmamos contrato con un productor y un distribuidor. Nuestras canciones empezaron a salir en la radio e hicimos dos discos. Luego, apareció el grupo La Ley y fui su tecladista. Mi consumo de drogas en esa época fue cada vez mayor, estaba muy metido.
Mi madre falleció y emocionalmente me quedó la cagada. Me puse a consumir como huevón, dejé cagada tras cagada. Tuve muchas pérdidas y mi papá no sabía qué hacer conmigo. Me metió a trabajar a una de sus empresas, a pesar de que al fin y al cabo nunca dio lucro mi cero aporte en el laburo. Llegaba tarde, drogado y con tufo a alcohol, determinó que perdiera la pega. Fue todo un desastre.
Volví nuevamente al grupo La Ley, en el momento que tras la muerte en un accidente de moto de Andrés, uno de los músicos, me invitaron a integrarme. Nos fuimos de gira.
Yo había parado de consumir durante tres años por susto, puesto que en un momento me pillaron por contrabando de cocaína. Yo no estaba contrabandeando, sin embargo me pillaron en la casa de un traficante de gran nivel que sí estaba vendiendo. Quedé libre de pura cueva, y del susto que me llevé paré en seco el consumo de droga. Sólo continué chupando.
Cuando nos fuimos con La Ley de gira a México, donde triunfamos en el mercado musical, la cosa fue cada vez más fuerte. Conseguía droga en cualquier lado y consumía todos los días, sufriendo siempre grandes depresiones. Comencé a desaparecerme de la casa y del trabajo. Empecé a darme cuenta de que tenía una cagada en la vida, sin embargo siempre pensando falsamente en que yo mismo la podía solucionar.
Decidí ir a un siquiatra y tomar una pastilla mágica, como si fuera posible quitar la adicción con un remedio; lógicamente eso era una mentira. En ese entonces yo no cachaba el proceso adictivo. El siquiatra hacía lo que podía, sin embargo yo estaba en un nivel de adicción muy avanzado. Seguía consumiendo y prometiendo que iba a parar. Manipulaba como loco a todo el mundo, incluido el siquiatra.
Llegó un momento en que la huevada estalló. Con La Ley tuvimos que ir a New York a grabar en un estudio. Me desaparecí una semana y no hice mi trabajo. En el momento que aparecí en el hotel, ya nadie me pretendía ver. Hablé con mi mujer y con mi manager, y ellos me ayudaron a sentenciar a internarme en un centro de rehabilitación. Estuve internado un mes y medio en la clínica ADC Cantu, en Cuernavaca, fuera de Ciudad de México. Luego asistí ambulatoriamente a terapias de seguimiento y a grupos de autoayuda.
Ese fue mi hogar, mi casa, ahí nací yo nuevamente. Tuve mi proceso de conciencia, descubrí que era enfermo y que tengo una enfermedad que debo acarrear toda mi vida: la adicción. Aprendí que el exclusivo remedio son los grupos de autoayuda para dejar de consumir y crecer como persona. La enfermedad no es el consumo, puesto que el consumo es sólo un síntoma. En este momento trabajo todos los días por mi recuperación. Llevo dos años limpio.
ENTREVISTA
-¿Cómo define la adicción?
-Es una enfermedad que se manifiesta en el consumo y que se origina por una disfunción en el sistema límbico. Es un conflicto cerebral de comunicación con nuestras emociones.
-¿Qué perdió con las drogas?
-Trabajo, salud, respeto, perdí claridad y auto aceptación.
-¿Qué ha ganado con la rehabilitación?
-He ganado claridad y tranquilidad. He ganado el respeto a mí mismo y he empezado a quererme como nunca antes.
-¿Cómo logra su equilibrio?
-Siguiendo las reglas y siendo obediente. Debo ir a un médico cada cierto tiempo y acudir a mis grupos de autoayuda el máximo posible. Tengo que tener ganas de cambiar.
-¿Cuáles son las herramientas para no recaer?
-Seguir las indicaciones, acudir a las reuniones de los grupos y tener constancia.
-¿Cuál es el gran dolor que le produjo la droga?
-El gran dolor fue haberme creado un mundo falso, que yo creía que existía, sin embargo que no existe. La huevada más penca que me realizó la droga fue sacarme de la realidad e impedir que me diera cuenta de que debía cambiar.
-¿Cuál es hoy su mayor felicidad?
-Tener esperanza.
-¿Cómo se logra ser feliz sin droga?
-Aprendiendo a ver la felicidad en millones de cosas: los hijos, la mujer, el trabajo, el esfuerzo, el respeto por los demás y hacia uno mismo. Así, la realidad dura mucho más. Son tantas las huevadas que a uno lo hacen feliz…
-¿A qué le tiene miedo?
-A la droga. Todos los adictos rehabilitados sabemos que no estamos libres de recaer, puesto que nos puede venir el “piensa chueco”, que es la manifestación de la enfermedad misma.
-¿Cuáles son los defectos de carácter de un adicto?
-El adicto es impulsivo, prepotente, lujurioso, etc..
-¿Y las virtudes de un rehabilitado?
-La paciencia, la humildad y la fe.
-¿Qué les diría hoy a los integrantes de La Ley?
-Les diría que puedo comprender por lo que ellos también pasaron. Uno hace sufrir a mucha gente con esta huevada. Si tomaron en ese momento la decisión de echarme, era puesto que yo estaba muy mal. En este momento los puedo entender.
-¿Hay resentimiento hacia ellos?
-Sí. Hay resentimiento puesto que los entiendo, pero, por otra parte, igual me sentí solo, y me dejaron solo. Nunca más me fueron a ver, nunca más supe de ellos. Esa huevada sí la tengo resentida. Quizás las cosas se pudieron haber hecho de otra manera, a pesar de que igual los vi y me reconcilié.
-¿Tiene un mensaje para los adictos que están arriba de la pelota?
-Lo primero que les diría es que se bajen de la pelota, sabiendo que sí cuesta bajarse. Les diría que, en el momento que uno está comenzando en la huevada, se produce una situación como que no vemos las pérdidas. Las pérdidas son el signo para darte cuenta de cuán enfermo estás. No hay pérdidas más grandes o más chicas, son todas iguales: las pérdidas son pérdidas. Uno minimiza tanto las pérdidas que, en el momento que está a punto de morirse, trata de cambiar. Les diría que no esperen estar a punto de la muerte para internarse en una clínica o entrar a grupos de autoayuda. ¡Huevones, dense una oportunidad para ser felices!
Autor| Clara María Romero