Es indudable la preocupación creciente en la sociedad por el cuidado personal. Por alcanzar el equilibrio, tanto a nivel físico como mental. En esta búsqueda aparece un concepto nuevo: “lo holístico”. Algo a lo que nos referimos con frecuencia sin comprender en profundidad su dimensión. ¿Qué es? Y, sobre todo, ¿qué aplicación práctica tiene?
La vida tan agresiva que llevamos en el mundo moderno, nos ha llevado a reservarnos un espacio para cuidarnos a nosotros mismos. Hay gente que ve esta actitud como una expresión de egoísmo o de egocentrismo, pero en realidad se trata de una necesidad. Una manifestación del instinto de supervivencia en un mundo depredador.
Pasamos la vida produciendo. Haciendo cosas sin parar, muchas de ellas para otros. El trabajo, las responsabilidades sociales, las responsabilidades familiares. Parece que si no estamos haciendo algo, nos sentimos inútiles. Tenemos que hacer muchas cosas y tenemos que hacerlas bien. Este nivel de presión, de exigencia, termina por pasarnos factura. Tanto a nivel físico, como mental. En esta dinámica frenética, cuidarnos ha pasado a convertirse en una necesidad de primer orden.
En esa preocupación por alcanzar el bienestar hemos rescatado prácticas que se pierden en el tiempo, como el yoga o la meditación. Y hemos desarrollado disciplinas que si bien beben de la sabiduría ancestral, están adaptadas a los nuevos tiempos. Como el Pilates y el Mindfulness.
Estamos empezando a comprender que todo en nuestro ser está interconectado: el cuerpo, la mente, el espíritu, el ambiente que nos rodea. La piedra angular de la filosofía holística. Una filosofía que alcanza su efecto práctico a través de las terapias.
Unas terapias que nos hacen sentirnos bien y que, indirectamente, nos están inculcando otra forma de ver la vida.
La filosofía holística.
Todo este planteamiento parte de una filosofía. De un enfoque, un punto de vista sobre la vida y el lugar que ocupamos en el mundo.
La revista digital Good 4 Good señala que el pensamiento holístico parte de una visión integral que ve todo como un sistema: un cuerpo, una organización, un ecosistema. Todo sistema es mucho más que la suma de sus partes. El cuerpo humano no es la suma de unos brazos, unas piernas, una cabeza, un conjunto de órganos. Cuando todos esos elementos se agrupan forman algo nuevo. Un ente con una entidad propia.
Cada uno de los componentes del sistema se interrelaciona con los demás. De manera que incidiendo en una parte se produce un efecto sobre el todo, que afecta, de alguna manera, a cada una de las otras partes.
En los últimos tiempos estamos aplicando este punto de vista al ser humano, al individuo. Pero en realidad se podría aplicar a cualquier cosa, tanto del mundo natural, como de la sociedad creada por el hombre.
En lo que se refiere al ser humano, la filosofía holística concibe al hombre como un sistema que está presente en diferentes planos: En el plano físico (hace referencia al cuerpo, a la salud), en el plano mental (las ideas) y en el plano espiritual (las creencias que cimientan nuestra relación con los otros hombres y con la naturaleza). Toda acción que realicemos sobre el hombre tiene un efecto sobre los tres planos. Por tanto, el bienestar pleno para un individuo consiste en encontrar la armonía entre su estado físico, su estado mental y su dimensión espiritual.
Podemos ver como un ejercicio controlado como el yoga, en el que intervienen movimientos de estiramiento corporal y control de la respiración, no solo tiene efectos físicos sobre nuestra salud, sino que nos ayuda a despejar la mente y nos conecta con la naturaleza.
Ejemplos de terapias holísticas.
Todo este pensamiento se puede aplicar a la realidad concreta; en este caso, incidiendo en el bienestar del individuo, por medio de las terapias holísticas. Estos son algunos ejemplos de estas terapias:
- El Mindfulness. Esta disciplina se basa en efectuar una serie de ejercicios que focalizan la atención del individuo en el momento presente, en el aquí y el ahora. Desterrando de su mente ideas que le atan al pasado o le proyectan al futuro y permitiéndole disfrutar de las sensaciones que experimenta en un momento dado: la brisa acariciándole la cara en un paseo por la naturaleza, el sonido de sus pasos, los olores que envuelven. Se ha comprobado que esta terapia ayuda a controlar el dolor físico, combate problemas mentales como el estrés y potencia facultades como la concentración y la memoria.
- Aromaterapia. Esta terapia se basa en utilizar aceites esenciales, procedentes de plantas, cuyo olor percibe el individuo, le genera un estado de calma y le conecta con el entorno. Para aprovechar todo su potencial es importante despejar la mente y dejarnos embriagar por los aromas. En el aspecto físico, se sabe que algunos aceites, como el del árbol del té, tienen efectos antimicrobianos y fortalecen las defensas del cuerpo. Por lo general, la acción de respirar los vapores de los aceites, despejan, a un nivel. Las vías respiratorias y nos protegen de afecciones pulmonares. En el campo mental, la aromaterapia reduce el estrés y la ansiedad.
- El yoga. Este ejercicio quizás sea la terapia holística más popular. Con él logramos equilibrar el cuerpo y la mente. La respiración profunda y acompasada que acompaña las sesiones conducen a un nivel de relajación mental que resulta sanadora. Las posturas del yoga mejoran la flexibilidad, aumentan la fuerza y corrigen el desequilibrio corporal.
Beneficios para el cuerpo y la mente.
Los instructores de Dharma Estudio, un centro de Barcelona especializado en impartir y dirigir clases de terapias holísticas, subrayan que estas terapias reflejan un esfuerzo continuo por promover el equilibrio y la armonía de todas las áreas del ser. Esto lo podemos percibir en los beneficios que nos reportan a nivel individual. Estos son algunos de los más destacados:
- Reducción del estrés y la ansiedad. La mayor parte de las terapias holísticas, como la meditación, el yoga o la aromaterapia, ayudan a relajar el sistema nervioso, favoreciendo una sensación de calma y equilibrio emocional que combate problemas mentales como el estrés y la ansiedad.
- Mejora del bienestar emocional Estas terapias promueven el autoconocimiento y la conexión con las emociones, lo que puede ayudar a gestionar mejor estados de ánimo como la tristeza, la irritabilidad o el agotamiento mental.
- Alivio de tensiones físicas. Prácticas como el masaje terapéutico, la acupuntura o la reflexología contribuyen a liberar tensiones musculares. Mejoran la percepción y control del dolor y tienen un efecto sanador.
- Mejora calidad del sueño Al favorecer la relajación profunda, tanto a nivel mental como muscular, muchas personas experimentan un descanso más reparador y una mejora en los hábitos de sueño después de practicar estas terapias.
- Adoptan un enfoque integral de la salud. Como ya hemos señalado, las terapias holísticas consideran a la persona como un todo, integrando cuerpo, mente y emociones, lo que fomenta una visión más completa del cuidado personal.
- Fomento de hábitos de vida saludables. Estas terapias suelen ir acompañadas de recomendaciones sobre alimentación consciente, respiración, ejercicio físico, lo que ayuda al individuo que participa a que adquiera hábitos de vida más saludables.
El ideal clásico.
El pensamiento holístico bebe en gran medida de la filosofía clásica. Máximas como “mente sana in corpore sano” o “el alimento es tu medicina”, esta última formulada por Hipócrates, el padre de la medicina moderna, estaban presentes en la Roma y la Grecia de la antigüedad.
Pensadores como Aristóteles defendían que el todo era más que la suma de las partes. Un conjunto alcanzaba una identidad propia independiente a los elementos que lo conformaban. Así, por ejemplo, el pueblo de Atenas era un sujeto que no tenía nada que ver con el número de habitantes que tenía la ciudad griega.
Para Heráclito, otro filósofo clásico, el cosmos era un conjunto en continuo movimiento debido a la interacción que se producía entre los elementos.
La Revista Esfinge va un poco más allá y afirma que esa concepción de que todo está interrelacionado ya estaba presente a un nivel empírico en las religiones y creencias animistas que se fueron configurando en el neolítico. Creencias que algunas de ellas han pervivido hasta nuestros días en regiones extensas del planeta como el África Subsahariana. Estas religiones plagadas de rituales y supersticiones partían de que la naturaleza y el cosmos (el cielo, el sol, la luna y las estrellas) ejercían un influjo directo sobre la vida de los individuos.
Otras corrientes filosóficas más recientes pusieron en valor principios que hoy son base del pensamiento holístico. El filósofo alemán Leibniz formuló en el siglo XVIII la teoría de las mónadas, según la cual, el universo está conformado por sustancias simples e indivisibles que interactúan entre sí y son las que generan el movimiento y los fenómenos en todos los planos, desde el plano físico (centros de fuerza) hasta el plano espiritual.
Una forma de ver el mundo que se aleja de los compartimentos estancos a los que nos hemos dirigido para poder estudiarlo mejor.