La influencia del budismo en la sociedad occidental.

Budismo

Es sorprendente cómo una religión tan lejana, como el budismo, ha impregnado de tal manera la sociedad occidental. No podemos decir que nos hemos vuelto budistas, ni mucho menos, pero fenómenos como el desarrollo del mindfulness, el auge de la comida vegana o la evolución de la neurociencia tienen mucho que ver con cómo esta religión oriental ha influido en nuestras vidas.

Dice la World History Encyclopedia que el budismo nace en el norte de la India, a las faldas del Himalaya, entre los siglos VI y V antes de Cristo. Cuenta la leyenda que el príncipe hindú Siddhartha Gautama, quien siempre había vivido en su palacio, rodeado de lujos y aislado del mundo, un día decidió abandonar la corte y mezclarse con el pueblo. Al hacerlo descubrió hambre, pobreza, desigualdades, enfermedades y dolor, mucho dolor.

Entonces, el príncipe se encerró en sí mismo, se convirtió en un asceta y se entregó a la búsqueda de una serie de ejercicios espirituales que le hicieran sanar su alma y condujeran a las gentes a liberarse del dolor.

Pasado un tiempo, formó una comunidad, y los conocimientos que adquirió en ese viaje de introspección los compartió con sus discípulos. El príncipe Siddhartha Gautama dejó de llamarse como tal y pasó a ser conocido como Buda.

Para comprender el nacimiento del budismo, una de las grandes religiones del planeta, hay que circunscribirse a su época histórica. En esos momentos, la India está inmersa en una intensa efervescencia de reformas religiosas y filosóficas, como reacción ante la incapacidad del hinduismo ortodoxo de dar respuesta a los problemas de sus creyentes. Durante mucho tiempo, el budismo fue una corriente más, hasta que el rey Ashoka el Grande, emperador del Imperio Maurya, un territorio que se extendía desde el norte del actual Irán hasta las montañas de Asia Central, se convirtió al budismo, casi 200 años después de la muerte de Buda.

Hoy en Occidente, el budismo es una filosofía, más que una religión. Un punto de vista y un conjunto de enseñanzas que actúan de contrapunto frente a la vorágine de la vida moderna.

El viaje de los Beatles a la India.      

El budismo ya era conocido en Europa en el siglo XIX. La expansión del imperio británico por la India y buena parte de Asia, así como la visita de algunos gurús y maestros budistas e hinduistas para impartir conferencias y talleres en algunas ciudades de Europa y de Estados Unidos, ya habían despertado el interés de sectores de la población por estas creencias. Las cuales se veían, en el viejo continente, como una cultura exótica.

Pero fue el retiro espiritual que realizaron los Beatles en el norte de la India en febrero de 1968, como nos cuenta el periódico argentino La Nación, uno de los acontecimientos que más han contribuido a la popularización de las filosofías orientales en Occidente.

Los Beatles pasaban por un momento crítico. Ya habían decidido dejar de hacer giras mundiales y tocar en directo; había pasado casi un año desde que habían grabado su disco de ruptura. Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band; su manager, Brian Epstein, el quinto beatle, acababa de morir de sobredosis y los 4 de Liverpool no pasaban por su mejor momento de convivencia.

George Harrison, gran admirador de la cultura india, fue quien más se empeñó en que realizaran el retiro. No se puede decir que la experiencia saliera redonda. Ringo Starr y su mujer abandonaron la India a las dos semanas de estar allí; no soportaban la comida. Paul McCartney se fue una semana más tarde y Maharishi Mahesh Yogi, el gurú que dirigía el evento, fue acusado de abusar sexualmente de la actriz Mia Farrow, quien había acompañado a los Beatles junto al cantautor Donovan, el miembro de los Beach Boys Mike Love y el periodista Lewis Lapham.

A pesar de ello, de aquel retiro salió la mayor parte de las canciones del “White Album”, uno de los mejores discos de los Beatles, y el budismo terminó de popularizarse en el mundo entero.

El mindfulness.

Esta disciplina de crecimiento personal, que tan popular se ha vuelto en nuestro tiempo, bebe directamente de los ejercicios de meditación del budismo y de otras prácticas orientales como el yoga.

Su extensión por occidente se debe en gran medida, según la Editorial Kairos, al trabajo de divulgación del doctor Jon Kabat-Zinn, profesor emérito de medicina de la Universidad de Massachusetts, y de Mark Williams, profesor de psicología clínica en la Universidad de Oxford.

Es Jon Kabat-Zinn quien despoja de todo contenido religioso y espiritual a los ejercicios de meditación, desde los años 70, y los utiliza como una herramienta para combatir el estrés y otros males de nuestro tiempo. Williams, por otro lado, se ha empeñado en introducir el mindfulness en la terapia cognitiva, para combatir los trastornos de ansiedad, de depresión o para fomentar la concentración en las escuelas.

Tomando como eje la respiración profunda y acompasada, la meditación budista lleva al sujeto a un estado de relajación intensa del cuerpo y la mente, que le permite desconectar de sus preocupaciones. El mindfulness, que en castellano definimos como atención plena o consciencia plena, nos conduce a centrar nuestra mente en lo que está sucediendo en el momento preciso, en el aquí y el ahora. Percibiendo con plenitud el sonido de nuestra respiración, el ruido de nuestros pasos al caminar, el ulular del viento, en lugar de preocuparnos por el futuro o lamentarnos por el pasado, como suele suceder a menudo.

El budismo en la moda y en la joyería.     

El budismo también ha influido en la forma en la que nos vestimos. Imprimiendo una estética más cómoda, más fluida y menos encorsetada.

El budismo ha puesto de moda el empleo de prendas holgadas, el uso de túnicas, el diseño con líneas rectas. El blog de viajes Marcando el Polo resalta que los tonos propios de los monjes budistas: los colores tierra, el naranja, el azafrán, el burdeos y hasta el blanco, en prendas livianas, se han visto influenciados por la extensión del budismo en la cultura occidental.

En el terreno de los complementos, los vendedores de Jewels Century 21, una joyería online con un marcado carácter étnico, nos hablan de la popularidad que están alcanzando las pulseras budistas. Unas pulseras con forma de aro, cubiertas de pan de oro, que se llevan en grupo, como si fuera un brazalete, que cubre gran parte del antebrazo.

Las pulseras budistas originales las fabricaban los propios monjes budistas y se las regalaban a aquellas personas que habían realizado aportaciones al templo. Es una pulsera cargada de simbolismo, ya que el color dorado en la cultura budista refleja deseos de suerte y amor. En las comunidades budistas se llevan en el brazo en número impar.

En la actualidad, la moda tiende a ser un reflejo de la personalidad del individuo. Más que un indicador de estatus o de pertenencia a un grupo social, como ha sucedido en otras épocas de la historia. Por lo que las aportaciones del budismo al mundo de la moda reflejan un perfil determinado. En lo que se refiere a la moda femenina, está vinculada a mujeres independientes, sensibles, de firmes valores éticos, con una fuerte conexión con la naturaleza y una marcada espiritualidad. Un tipo de mujer muy especial.

La alimentación vegana.

Todo el mundo no lo sabe, pero existe una conexión directa entre la alimentación vegana y el budismo. El blog Bueno y Vegano señala que ambos coinciden en el principio de ahimsa, que en sánscrito significa “no dañar”.

El budismo promueve el respeto por todos los animales, los cuales no se consideran inferiores al hombre, sino que forman parte de la naturaleza. Hasta el animal más pequeño, un insecto, debe ser respetado por el hombre.

Hay otra creencia de peso que marca el respeto del hombre por la vida animal. Y es la idea de la reencarnación. Cuando el hombre se muere, se reencarna en otro ser vivo, el cual requiere nuestro máximo respeto, como deferencia a los antepasados.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que la postura original de Buda no era el veganismo universal, al menos para los laicos. Los cuales podían consumir carne, siempre que el animal no hubiera sido sacrificado de forma directa. Lo mismo sucede con los monjes, que se alimentan de las ofrendas entregadas por la comunidad, incluida la carne. Eso sí, el animal no se debía haber matado para ellos.

Es en los últimos años cuando algunas comunidades budistas de todo el mundo han adoptado una postura vegana consciente. Además de las creencias, lo han hecho como rechazo al maltrato animal y como respuesta al cambio climático.

De todas maneras, el auge del budismo en Occidente ha corrido paralelo al desarrollo de ciertas corrientes de alimentación alternativa, por lo que no hay que despreciar la idea de que haya tenido cierta influencia, principalmente en lo que se refiere al respeto a la vida animal.

La neurociencia.

Una de las conexiones más curiosas es la que existe entre el budismo y la neurociencia. Fue el propio Dalai Lama quien invitó al neurocientífico de la Universidad de Wisconsin, Richard Davidson, a usar la neurociencia no solo para estudiar la depresión y la ansiedad, sino para descubrir las bases biológicas de la compasión y la felicidad.

Desde entonces, como recoge una entrevista que le hicieron a Davidson en la revista On Being, el científico norteamericano ha dedicado horas a estudiar el cerebro de los monjes budistas, empleando medios como los encefalogramas y las resonancias magnéticas.

Estos experimentos han contribuido a reformular el concepto de la plasticidad cerebral. Cómo la meditación budista no solo ayuda a desconectar de lo material, sino que ejercita el cerebro. Volviéndolo más activo, complejo y flexible.

Tal y como concluyen estos estudios, meditar no significa simplemente dejar la mente en blanco o poner el cerebro en reposo. Los resultados sugieren que esta práctica modifica la forma en la que funcionan las redes neuronales.

Para estudiar estos cambios, en uno de los experimentos de Davidson, se analizaron a 12 monjes budistas de la tradición tailandesa, con una amplia experiencia en meditación. Durante las pruebas se utilizó una técnica que permite registrar en tiempo real la actividad eléctrica del cerebro a través de los campos magnéticos que genera.

Los participantes practicaron dos modalidades de meditación. Una de ellas, Samantha, que centra la atención en un elemento concreto, como la respiración. La otra, Vipassana, que consiste en observar pensamientos, sensaciones y emociones sin juzgarlos. Los investigadores comprobaron que ambas modificaban la actividad cerebral, aunque de forma diferente.

Uno de los aspectos estudiados fue la llamada “criticidad cerebral”, que representa un equilibrio entre orden y caos. Según los investigadores, este punto permitiría que el cerebro mantenga suficiente estabilidad para procesar información y, al mismo tiempo, conserve la flexibilidad necesaria para adaptarse a nuevas situaciones.

Los datos se analizaron posteriormente mediante técnicas avanzadas. Aunque los resultados proceden de meditadores expertos, los investigadores señalan que no es necesario acumular miles de horas de meditación para obtener estos beneficios. El estudio apunta, en definitiva, a que meditar no supone apagar la actividad mental, sino entrenar determinados procesos relacionados con la atención y la flexibilidad cerebral.

El pacifismo y el ecologismo.

Para buena parte del mundo, el dalái lama es un exponente del pacifismo y de la no violencia. Entre otras cosas, por la resistencia pacífica de los monjes tibetanos a la ocupación por parte del ejército chino. Esta ocupación se inició en 1950, como señala la página web Guerra Colonial, editada por la Universidad Juan Carlos I, y se recrudece en 1957, lo que conduce al exilio voluntario del Dalai Lama a la India en 1959, y posteriormente a Estados Unidos.

Por otro lado, esa posición de buscar la armonía con la naturaleza, propia de la filosofía budista, ha contribuido al despertar de una conciencia ecológica universal. No podemos decir que ni el ecologismo ni el pacifismo sean posiciones heredadas del budismo, pero sí han influido de manera positiva en que se extiendan.

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