Si pensamos en la adolescencia, lo cierto es que estamos ante una etapa intensa, repleta de cambios y de preguntas. El cuerpo se transforma, la manera de pensar pasa a ser más compleja y las relaciones cobran una mayor importancia. En medio de todo esto, no es sencillo encontrar el equilibrio necesario. La psicoterapia para adolescentes es un sitio seguro en el que es posible ordenar lo que duele, comprender lo que está pasando por dentro e ir aprendiendo maneras más sanas para poder afrontar la vida diaria.
Entender la adolescencia: un contexto necesario
Algo que es importante tener en cuenta antes de hablar sobre terapia es ver la época de la adolescencia con calma. Estamos ante un periodo en el que confluyen una serie de procesos:
- Cambios físicos y hormonales que influyen mucho en el estado de ánimo
- Más necesidad de independencia y a la vez miedo a perder referencias
- Construcción de identidad personal
- Aumenta el peso de las amistades y del entorno social, tanto a nivel presencial como digital
Todo ello hace que determinadas emociones como la rabia, inseguridad, ansiedad o tristeza suelan aparecer con una mayor frecuencia. En muchas ocasiones se suelen gestionar bien, puesto que el adolescente se apoya en la familia, amigos y actividades que le ayuden a canalizar lo que está sintiendo.
Otros adolescentes se atascan y comienzan a traducirse en unos síntomas de mayor claridad: problemas en el sueño, menor rendimiento escolar, explosiones de ira, consumo de sustancias, etc.
Lo que hace la psicoterapia es entrar en juego cuando esta serie de síntomas empieza a interferir en el día a día o si el propio adolescente piensa que “algo no funciona bien” y no sabe cómo lo puede abordar solo.
¿Qué es la psicoterapia para adolescentes?
La psicoterapia es un proceso de diálogo y trabajo conjunto entre los profesionales formados y el adolescente, algo que a veces puede contar con la presencia de la familia. El objetivo que tiene es que gracias a ella, como nos dice Florencia Poy, Psicóloga, todo ello con el objetivo de entender lo que sucede y de encontrar formas más sanas de pensar, actuar y de sentir.
No es una charla informal, pero tampoco se puede decir que sea un interrogatorio frío.
Se construye un espacio:
- Seguro, puesto que se habla de lo que se trata con confidencialidad
- Se escucha sin juzgar
- Estructurado con una serie de objetivos y algo de continuidad en el tiempo.
En terapia, lo que ocurre es que el adolescente puede poner palabras a cosas que es posible que nunca se hayan dicho: culpas, miedos, enfados, dudas sobre el cuerpo, orientación, el grupo de amigos y el futuro.
Tengamos claro que el profesional no está para que se le diga lo que tiene que hacer, sino para ayudarle a que comprenda qué le está pasando y que se encuentren alternativas.
Motivos frecuentes para consultar
No hace falta que haya un diagnóstico formal para pensar en psicoterapia. Algunos motivos habituales son:
- Cuando haya cambios bruscos de ánimo, una tristeza persistente o gran irritabilidad
- Preocupaciones constantes, ansiedad o miedos que bloquean
- Problemas de relación de los amigos, familia o pareja que se repiten
- Dificultades en el colegio o instituto: poca concentración, baja el rendimiento escolar y las notas, así como aparición del absentismo.
- Conductas de riesgo: consumo de drogas o alcohol, retos peligrosos y exposición excesiva en las redes.
- Conflictos con la imagen corporal: desorden alimenticio o ejercicio compulsivo.
- Sensaciones de vacío, de no encontrar sentido o incluso pensamientos sobre hacerse daño.
Muchas veces, los padres son los primeros que se dan cuenta de que algo cambió, pese a que el adolescente no lo exprese de manera clara. En ocasiones es el mismo chico el que pide ayuda, lo que es un signo evidente de conciencia y de deseo de cambio.
Cómo se plantea la terapia: el inicio
En las primeras sesiones hay dos objetivos, el conocerse y comprender lo que es el mapa del problema.
El profesional va a escuchar lo que trae el adolescente, preguntando cuidadosamente, y comienza a hacer una idea del contexto en cuestión. De igual forma, se explora cuándo comenzaron los problemas, la forma en la que se manifiestan, que lo que hacen es agravarse y que pueden aliviarse. Se dice también que cuando es preciso con la familia, se debe hablar con ella para contar con una visión bastante más completa.
En esta fase, es importante que el adolescente en cuestión sienta que puede confiar. La relación en lo terapéutico es de los factores más influyentes en el éxito de todo este proceso. Cuando no hay conexión, lo mejor que se puede hacer es buscar otro profesional con el que el adolescente esté más cómodo.
Confidencialidad y papel de la familia
Una de las dudas más comunes es cuánto se comparte con los padres. En el sector de la psicoterapia con los adolescentes se busca un equilibrio. Se debe mantener la confidencialidad de lo que el joven cuenta, de tal forma que sienta que el espacio es suyo de verdad. Hay que informar a la familia de lo que sea de verdad importante en materia de seguridad y el cuidado.
Todo ello se suele hablar de forma clara al inicio: qué se compartirá, cómo y por qué. De igual forma, se trabaja cuando es posible, con sesiones familiares puntuales para la mejora de la comunicación en casa, abordando conflictos y alineando expectativas. La idea principal no es excluir a la familia, sino que se cuide al adolescente sin que la sesión sea un sitio en el que sienta que todo lo que vaya a decir se vaya a contar en casa con todo detalle.
Clases de enfoque terapéutico
En la psicoterapia conviven algunos enfoques:
Enfoques cognitivos‑conductuales
Están centrados en la relación entre pensamientos, conductas y emociones, trabajando con herramientas bastante concretas.
Enfoques de corte más emocional y relacional
Lo que hacen es explorar experiencias pasadas, vínculos, formas de sentir y de relacionarse para comprender de dónde viene ese malestar que se padece.
Enfoques integrativos
Estos lo que hacen es combinar elementos de una serie de modelos dependiendo de las necesidades de cada caso.
En los adolescentes, lo que es normal es que adapten las técnicas al momento evolutivo: sesiones dinámicas, usar ejemplos cercanos, conexión con su universo o ejercicios que aterricen en la vida diaria.
¿Qué puede aportar la psicoterapia a un adolescente?
Este tipo de beneficios no aparecen de la noche a la mañana, pero se construyen a varios niveles:
Comprensión de sí mismo
Se pone nombre a lo que uno siente y hay que entender la razón por la que se reacciona de cierta manera. Esto hace que se reduzca la sensación de estar loco o de que no haya arreglo.
Herramientas para gestionar emociones
Se hace necesario aprender a manejar la ansiedad, la rabia o la tristeza, sin que esto se desborde o pase a ser una conducta que se dañe.
Mejora de relaciones
Hay que trabajar la forma de comunicarse, de poner límites, pedir ayuda o solucionar conflictos con amigos, familia o pareja.
Refuerzo de autoestima y proyecto de vida
Exploración de las capacidades, valores, intereses o deseos. Comenzar a construir decisiones que le aproximen a la persona que deseen ser.
En ocasiones, el cambio se ve desde fuera:
Mayor estabilidad en cuanto al ánimo, menos explosiones y más capacidad para poder hablar cuando algo duele, así como tener menos conductas compulsivas.
¿Qué señales hay de que la terapia va por buen camino?
No siempre es fácil medir el avance, pero algunas señales positivas son:
El adolescente va a las sesiones regularmente y acepta todo el proceso.
Comienza a expresar lo que sienta más claramente.
Se ven cambios claros en la forma en la que se actúa o se relaciona.
Reducción de la intensidad o frecuencia de los síntomas iniciales.
No hablamos de que sea otra persona, sino de que tengas mayores herramientas y recursos para llevar una vida normal.
Psicoterapia y otras intervenciones
A veces la psicoterapia es complementada con otra serie de medidas:
- Medicación que las pautas psiquiátricas infantiles o de adolescentes cuando se padezca depresión, ansiedad y demás síntomas.
- Cambios organizativos familiares o escolares, con los límites más claros.
- El trabajo paralelo con padres y madres, de cara a que se les pueden dar herramientas que les ayuden a que mejore la situación.
¿Cuándo pedir ayuda?: Mejor pronto que tarde
Bastantes familias en nuestro país lo que hacen es preguntarse si es ser muy exagerado pensar en la psicoterapia. Una forma sencilla de valorar si merece la pena para consultar es preguntar:
¿Esto afecta de forma clara en el día a día? ¿Se lleva tiempo intentando ayudar desde casa y sentimos que no es bastante? ¿Vemos señales de sufrimiento que el adolescente no sabe cómo manejarlo?
Cuando la respuesta sea sí en una serie de puntos, lo mejor es pedir una cita con un profesional; ya que puede ser una decisión de gran importancia. No es un fracaso como padres; al final, es una manera de sumar recursos.